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Y DEJARON HUELLA

 Por José Ruiz Mercado

Reza una leyenda de Ciudad del Maíz: El que no conoce la historia de su pueblo es extranjero” M’PU ‘N’ TJUA, su nombre en Pame, significa Valle del Maíz. Fundada en 1617 por Fray Bautista del Molinedo.

Ciudad del Maíz es uno de los 58 municipios de San Luis Potosí, en su gastronomía, como en el resto de San Luis, se incluyen las enchiladas potosinas, pero, éstas tienen una cualidad especial. Y el atole de puzcua (maíz negro cocido con cal)

La representación del mestizo, quién viene de fuera, la figura del diablo, a quien le gusta el dinero, fuma, la semantización del diablo representado en barro crudo, el extranjero, incluso si es otro Pame de otra comunidad.

La teatralidad étnica, la huella de cuna. El diablo es de barro crudo porque con la lluvia se desbarata; regresa a la tierra y con esto se va la enfermedad, la maldad, la superficialidad de quien desconoce su historia.

Imaginemos al niño Oscar Villegas Borbolla caminar por las calles de Ciudad del Maíz, viviendo en sus primicias estas historias, esta cosmovisión. Conciente o inconciente, las raíces de los primeros días. Nació un 16 de enero de 1947 en ese municipio de San Luis Potosí.

Discípulo de Emilio Carballido y de Juan José Arreola. Su obra se encuentra inmersa en ese análisis certero de las circunstancias. La visión al descubierto de los personajes sin caer en la discusión moral.

Nos encontramos con un lenguaje desenfadado, como él mismo se describía, con la ironía propia de quien sabe, de quien está seguro consigo mismo. Tomás Espinoza, en una revista Tramoya, correspondiente a los últimos meses e inicios del siguiente año (1984/ 1985) al entrevistarlo y preguntarle si tenía dificultad con el montaje de sus obras, contestó:

“Yo no; los directores, los actores y las obras, sí, porque no las estrenan muy seguido ni muy bien.”

El texto de esta entrevista encierra mucho del contenido, de la visión estética de Oscar Villegas; el tono, el saber entrarle al interior de una sociedad que se sabe a sí misma el cómo utiliza la vestimenta acorde al espacio que visita.

Porque la sociedad actual afirma, se afirma partícipe de esa doble moral, juega a un papel que le corresponde vivir y, se aferra a defender su derecho a la hipocresía. Y Oscar conoció la esencia de los diablos de barro crudo.

En toda su obra vemos este desenfado. Esta certeza. Este enfrentarse al mundo. Se conjugan las visiones de sus personajes. Aún así, con toda la temática, recordemos las cualidades de una obra, no son los contenidos en exclusiva, es la forma, su estructura.

En la entrevista antes citada, nos deja ver su estética. Cuando Espinoza le hace la pregunta de cómo se piensa sus obras como guiones cinematográficos, él contestó:

“Cuando escribo no pienso que voy a ser representado, pienso en la acción sin límite de tiempo y espacio. Fausto de Goethe también parece guión de cine” Y con tono irónico, afirmó: “Escribir obras más difíciles para que se les quite”

Tanto Oscar como Tomás fueron importantes. Son importantes. Autores cuya obra deja huella. Autores con una propuesta. Pocas veces se conjugan ambas. Se olvidan con el tiempo. Y ambos, como muchos otros, no han sido estudiados. Ambos con una visión del mundo propositiva. O como el propio Tomás afirmara: Me gustaría hacer todo el teatro que no se ha hecho.

Dramaturgo, escritor, director, actor y docente.
Miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte. Autor de numerosos libros de poesía, teatro, narrativa y ensayo.

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