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LOS CUARENTA Y CINCO AÑOS

Por José Ruiz Mercado

Degustar un buen café tiene una calida acogida. Un buen recuerdo. Una satisfacción. Un reconocimiento. Caminar las calles hoy llenas de nostalgia. Paseo de la Reforma en su paro obligatorio. La casa del té cerca de la Diana. Ese gusto escocés, con sus galletas, con sus aromáticas bebidas. Hacer un paro ahí era una religión antes de llegar a las instalaciones del Centro Mexicano de Escritores, a las sesiones de revisar el trabajo del mes con los asesores, los jueces dictaminadores: Margit Frenk Alatorre, Francisco Monterde; en sus inicios Héctor Azar, luego Luisa Josefina Hernández.

Enero, para ser exactos el 13 de enero de 1974 falleció Salvador Novo López (nació el 30 de junio de 1904), en su testamento deja un fidecomiso para otorgar becas a los jóvenes con obra posible de crecimiento menores de 21 años; con un jurado abierto; tres instituciones responsables del seguimiento: El Colegio de México, INBA y el Centro Mexicano de Escritores.

Novo fue un intelectual comprometido con el pensamiento, su participación en las tareas de promoción y difusión a lo largo de su vida nos dejó una herencia digna de ser encomiada. Se le reconoce por ese espacio fundado, junto con Xavier Villaurrutia en 1927 (ULISES), un año después la revista Contemporáneos.

En 1941, en compañía de Carlos Chávez, idea la creación de una Institución con la posibilidad jurídica para salvaguardar, promover, el arte nacional ante los embates de una crisis mundial en puerta. La crisis petrolera del 38, la ventana eminente de una guerra.

Dicha Institución vio la luz cinco años después un 31 de diciembre de 1946; bajo decreto de Miguel Alemán Valdés nace el Instituto Nacional de Bellas Artes, con Carlos Chávez como director, Luis Sandi, Blas Galindo, entre otros, quedando Salvador Novo como el encargado de Teatro.

La historia nos acompaña. El apoyo a los jóvenes de entonces provoca un movimiento del cual abrevamos. Se abren las puertas a los dramaturgos del Palacio de Bellas Artes. Y ahí está Emilio Carballido como ejemplo.

En 1953 inaugura el Teatro de La Capilla en Coyoacán. Espacio para los montajes vanguardistas de la época. Visión aguda la de Novo, la profesionalización de los espacios.

Su obra sostiene la ironía, el conocimiento de los lenguajes literarios. Su poesía marca una vena especial. Su teatro convoca a la reflexión. Obras como Yocasta o Casi, nos muestra una problemática vivida en la cultura mexicana.

Entra en el terreno del análisis. Sus escritos de la teoría de la actuación son lectura obligada para todo estudiante de actuación. Sin olvidarnos de sus obras cortas, las cuáles son pioneras del llamado micro teatro.

Sólo un visionario se trasciende a sí mismo después de su muerte. Con la creación del fidecomiso de las becas con su nombre, llevó a aquellos jóvenes del 75 a leer su obra.

Su emisión prima cumple este 2020 cuarenta y cinco años. En el terreno teatral (dicho sea, fueron tres becas cada año en los diferentes rublos de la literatura), los beneficiados continúan presentes: Miguel Ángel Tenorio, Ricardo Pérez Quitt y, quien esto escribe.

De Novo no puedo dejar de mencionar su gusto por la buena mesa. Cada vez que visité la Ciudad de México, mi paso obligado fue esa casa del té.

Dramaturgo, escritor, director, actor y docente.
Miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte. Autor de numerosos libros de poesía, teatro, narrativa y ensayo.

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