Por José Ruiz Mercado
Un escenario vacío es una invitación a la provocación. La nada anida la llegada, la luz entra furtiva, genera un espacio, un pincel. La luz una acuarela en baño de acaricias.
Algo por acontecer. Por lo pronto expectativa de imaginación. Dos públicos, quien está ya ahí, quien tardío va entrando. El primero entra en otra dimensión, sabe de la magia del escenario. El segundo apenas cree haber llegado a tiempo. Dos públicos.
La aventura del viaje inicia. Ya no es la nada sino la conquista del acontecimiento. Una música entra en armonía con la luz. No es cualquiera, es la apropiada, la inmediata.
El segundo público busca un asiento. El primero dispuesto a observar, a sentir, a quitarse la maraña de la calle. El segundo pretende sentarse en la oscuridad de la sala.
Entra de golpe un personaje. Mira a los lados, sale con prisa para enseguida regresar con una silla. Un tercer público llega, hace una pregunta ociosa; una pregunta ¿Ya inició? Se sienta en la primera butaca cuando personaje inicia su dialogo. Satisfecho se dice a sí mismo “no me he perdido” Inicia a escuchar.
Teatro como síntesis. Todas las artes están presentes con todos sus sentidos vitales. Como público decimos “vamos a ver una obra”, jamás decimos “vamos a escuchar una obra” ni a “leer una obra” Decimos ver.
El montaje de una obra implica un trabajo intelectual coherente (la sociedad del conocimiento está presente) Grave falla educativa cuando llamamos “artista” a quién realiza un montaje como preparación parte de su preparación.
El teatro escolar es importante, sí, permite el entender lo importante del trabajo en equipo, sensibiliza para obtener herramientas posibles para la vida, ofrece seguridad en los actos cotidianos, ayuda a la lectura de comprensión.
Así como existe una tipología de públicos, así también la diferencia se da en el teatro escolar. El ya mencionado es importante por las cualidades hacia una educación humanista, total, participativa, permite la abstracción, ofrece al educando la socialización. Reconocer (se) en el mundo. Con esto, el saber responsable. Genera públicos sensibles.
El otro es la preparación para la profesionalización. El acercamiento a las labores propias de la escena. Enterarse de a cual área teatral prefiere ejercer, pero, sobre todo, ser un público sensible.
¿Cuántas veces estudiamos actuación para enseguida enterarnos de que nos interesa otra área? Lo ideal de una educación para el teatro es iniciar en la actuación para enseguida entrar a una especialidad.
Adolecemos de teóricos. Adolecemos de analistas de la escena. Periodistas capacitados para generar públicos, historiadores de la escena, sociólogos capacitados. El teatro requiere de especialistas.
Nos falta mucho por recorrer. La investigación es una herramienta ausente en nuestro sistema educativo. Continuamos en la repetición de esquemas. Desconocemos a quienes nos anteceden; desconocemos los lenguajes, el trabajo con la luz, la música siguen sin estudiarse.
Aún así, Un escenario vacío es una invitación a la provocación. Provoquémoslo.
José Ruiz Mercado
Dramaturgo, escritor, director, actor y docente.
Miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte. Autor de numerosos libros de poesía, teatro, narrativa y ensayo.
Un escenario vacío es una invitación a la provocación. La nada anida la llegada, la luz entra furtiva, genera un espacio, un pincel. La luz una acuarela en baño de acaricias.
Algo por acontecer. Por lo pronto expectativa de imaginación. Dos públicos, quien está ya ahí, quien tardío va entrando. El primero entra en otra dimensión, sabe de la magia del escenario. El segundo apenas cree haber llegado a tiempo. Dos públicos.
La aventura del viaje inicia. Ya no es la nada sino la conquista del acontecimiento. Una música entra en armonía con la luz. No es cualquiera, es la apropiada, la inmediata.
El segundo público busca un asiento. El primero dispuesto a observar, a sentir, a quitarse la maraña de la calle. El segundo pretende sentarse en la oscuridad de la sala.
Entra de golpe un personaje. Mira a los lados, sale con prisa para enseguida regresar con una silla. Un tercer público llega, hace una pregunta ociosa; una pregunta ¿Ya inició? Se sienta en la primera butaca cuando personaje inicia su dialogo. Satisfecho se dice a sí mismo “no me he perdido” Inicia a escuchar.
Teatro como síntesis. Todas las artes están presentes con todos sus sentidos vitales. Como público decimos “vamos a ver una obra”, jamás decimos “vamos a escuchar una obra” ni a “leer una obra” Decimos ver.
El montaje de una obra implica un trabajo intelectual coherente (la sociedad del conocimiento está presente) Grave falla educativa cuando llamamos “artista” a quién realiza un montaje como preparación parte de su preparación.
El teatro escolar es importante, sí, permite el entender lo importante del trabajo en equipo, sensibiliza para obtener herramientas posibles para la vida, ofrece seguridad en los actos cotidianos, ayuda a la lectura de comprensión.
Así como existe una tipología de públicos, así también la diferencia se da en el teatro escolar. El ya mencionado es importante por las cualidades hacia una educación humanista, total, participativa, permite la abstracción, ofrece al educando la socialización. Reconocer (se) en el mundo. Con esto, el saber responsable. Genera públicos sensibles.
El otro es la preparación para la profesionalización. El acercamiento a las labores propias de la escena. Enterarse de a cual área teatral prefiere ejercer, pero, sobre todo, ser un público sensible.
¿Cuántas veces estudiamos actuación para enseguida enterarnos de que nos interesa otra área? Lo ideal de una educación para el teatro es iniciar en la actuación para enseguida entrar a una especialidad.
Adolecemos de teóricos. Adolecemos de analistas de la escena. Periodistas capacitados para generar públicos, historiadores de la escena, sociólogos capacitados. El teatro requiere de especialistas.
Nos falta mucho por recorrer. La investigación es una herramienta ausente en nuestro sistema educativo. Continuamos en la repetición de esquemas. Desconocemos a quienes nos anteceden; desconocemos los lenguajes, el trabajo con la luz, la música siguen sin estudiarse.
Aún así, Un escenario vacío es una invitación a la provocación. Provoquémoslo.
José Ruiz Mercado
Dramaturgo, escritor, director, actor y docente.

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