Por José Ruiz Mercado.
Historiar el hecho escénico es un compromiso con la sobrevivencia de una sociedad. Repetido una y otra vez la consigna del como la identidad de un pueblo se da a partir del arte ya se volvió un lugar común.
La participación del dramaturgo primordial en este renglón de la experiencia comunicativa. De ese episodio cuestionado, no resuelto, vuelto a la mira, una y otra vez.
En una de tantas crisis sociales se habló de buscar otros espacios, en otra se puso de moda el texto como pretexto, otro momento lo marcó la ausencia del dramaturgo, la colectivización del hecho dada una temática, o las páginas de los diarios.
Historiar estos hechos forma parte del trabajo metodológico del investigador; no como un recuento de los hechos, sino como parte del trabajo profesional. A esto se le conoce como historiografía, y es parte de los documentos utilizados.
Historiar es un trabajo interdisciplinario en donde las herramientas de la sociología, lingüística, psicología, estética, economía, etnología nos lleven a revisar los públicos para así generar la política pública requerida.
Reconocer los antecedentes, ya lo he repetido en variadas ocasiones, nos permite entender, sin egocentrismos, los avances, las propuestas al trabajo individual en su inmersión colectivo.
Los diccionarios, los anuarios, las enciclopedias, los trabajos diarios, lo periodístico son material valioso para el investigador. Su resultado, apoyo para el trabajador escénico.
La educación jamás estará completa si no se atiende el conflicto del hacedor, su estructura económica, vivir del teatro también es pensar en la pecunia. La pasión por el oficio debe de estar respaldado.
Se requiere de un cambio estructural en los programas de estudio, el fundamento metodológico sistémico entre la sensibilización al arte y la profesionalización. Dos elementos diferentes.
El teatro, como tal, es una estructura compleja. Hacer arte del teatro lo es aún más. Lo primero requiere de varias disciplinas en conjunto. Conocerlas es un requisito, llevarlas al escenario una cualidad. Lo segundo es la repercusión social generada a partir de la comunión público/ actor.
Complejo, desde luego, cambiar las estructuras de pensamiento de la comunidad toda no es un acto simple. Titánica tarea en donde la responsabilidad en las diversas áreas del pensamiento están inmiscuidas.
¿Cómo vamos a hacer teatro de tiempo completo sin un público? ¿Cómo vamos a hacer entender al público que deje por un momento su celular? ¿Cómo vamos a vivir de la profesión si nosotros mismos regalamos nuestro trabajo?
El trabajo de historiar también conlleva estudiar la conducta de los receptores, proceder a llevarnos al como, al por qué de la conducta de los grupos sociales y, no quedarse en el recuento de los hechos.
Ah, trabajo pesado.
José Ruiz Mercado
Dramaturgo, escritor, director, actor y docente.
Miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte. Autor de numerosos libros de poesía, teatro, narrativa y ensayo.
Historiar el hecho escénico es un compromiso con la sobrevivencia de una sociedad. Repetido una y otra vez la consigna del como la identidad de un pueblo se da a partir del arte ya se volvió un lugar común.
La participación del dramaturgo primordial en este renglón de la experiencia comunicativa. De ese episodio cuestionado, no resuelto, vuelto a la mira, una y otra vez.
En una de tantas crisis sociales se habló de buscar otros espacios, en otra se puso de moda el texto como pretexto, otro momento lo marcó la ausencia del dramaturgo, la colectivización del hecho dada una temática, o las páginas de los diarios.
Historiar estos hechos forma parte del trabajo metodológico del investigador; no como un recuento de los hechos, sino como parte del trabajo profesional. A esto se le conoce como historiografía, y es parte de los documentos utilizados.
Historiar es un trabajo interdisciplinario en donde las herramientas de la sociología, lingüística, psicología, estética, economía, etnología nos lleven a revisar los públicos para así generar la política pública requerida.
Reconocer los antecedentes, ya lo he repetido en variadas ocasiones, nos permite entender, sin egocentrismos, los avances, las propuestas al trabajo individual en su inmersión colectivo.
Los diccionarios, los anuarios, las enciclopedias, los trabajos diarios, lo periodístico son material valioso para el investigador. Su resultado, apoyo para el trabajador escénico.
La educación jamás estará completa si no se atiende el conflicto del hacedor, su estructura económica, vivir del teatro también es pensar en la pecunia. La pasión por el oficio debe de estar respaldado.
Se requiere de un cambio estructural en los programas de estudio, el fundamento metodológico sistémico entre la sensibilización al arte y la profesionalización. Dos elementos diferentes.
El teatro, como tal, es una estructura compleja. Hacer arte del teatro lo es aún más. Lo primero requiere de varias disciplinas en conjunto. Conocerlas es un requisito, llevarlas al escenario una cualidad. Lo segundo es la repercusión social generada a partir de la comunión público/ actor.
Complejo, desde luego, cambiar las estructuras de pensamiento de la comunidad toda no es un acto simple. Titánica tarea en donde la responsabilidad en las diversas áreas del pensamiento están inmiscuidas.
¿Cómo vamos a hacer teatro de tiempo completo sin un público? ¿Cómo vamos a hacer entender al público que deje por un momento su celular? ¿Cómo vamos a vivir de la profesión si nosotros mismos regalamos nuestro trabajo?
El trabajo de historiar también conlleva estudiar la conducta de los receptores, proceder a llevarnos al como, al por qué de la conducta de los grupos sociales y, no quedarse en el recuento de los hechos.
Ah, trabajo pesado.
José Ruiz MercadoDramaturgo, escritor, director, actor y docente.
Miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte. Autor de numerosos libros de poesía, teatro, narrativa y ensayo.
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