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ESTUDIAR TEATRO O SÓLO ACTUACIÓN

Por José Ruiz Mercado.

Ayer, como decir mañana, escuché una frase, la cual me dejó pensando. La historia se escribe para el futuro, jamás para revivir el pasado. Me dejó pensando.

Y es que, si desconocemos las formas, la conducta ajena, jamás llegaremos a reconocernos. Aquí entra aquello de ser gente o persona. Nuevamente el descubrir la otredad.

La historia es algo inacabado. Es un forjarse de continuo. Reconocernos para continuarla. En el teatro, como en toda actividad humana, es un descubrimiento desde el nacimiento del personaje. Sea en obra de autor o en montaje colectivo. Saber quién es, en donde vive.

Es esta fase de construcción el momento decisivo. Ese personaje puede no ser teatral, puede constituirse como un personaje de cuento, de novela, de cine. No puede ser forzado.

Esto lo sabemos, siempre y cuando tengamos los elementos suficientes para definirlo. Para ello debemos de tener lecturas. Sin ellas nos quedamos en la mera pretensión. Error de principiante.

De aquí la necesidad de reconocer, conocer a quien nos antecede. Necesidad histórica, pero también social. Sensibilidad, sí, pero también humildad, pero también conocimiento.

Algunos autores los conocemos por una obra, pero hay otros de los cuales sólo tenemos referencia. Pocas veces conocemos su obra completa. Cuando sabemos de un autor por una sola, lo etiquetamos.

Uno de esos casos es Rosario Castellanos (México, 1925. Tel Aviv 1974), quien es más conocida como poeta; los lectores más avezados tienen referencia de ella como narradora, pocos, muy pocos, la reconocen como dramaturga.

Castellanos tiene una larga trayectoria en el teatro. La última obra fue, si mis datos no mienten, El Eterno Femenino, estrenada en 1976, otras obras de ella fueron Salomé (1975) y Judith (1959), según datos del Diccionario Mexicano de Teatro SIGLO XX, publicado por Escenología, a cargo de Edgar Ceballos y un gran equipo de colaboradores, entre los que destaca Alejandro Ostoa.

En el Diccionario Enciclopédico Básico de Teatro Mexicano, también de Escenología (el primero fue editado el 2013; el segundo en 1996) nos ofrece otro dato, se menciona Tablero de Damas, editada en 1952, y nos ofrece otro dato importante: El Eterno Femenino fue dirigida por López Miarnau en el Teatro Hidalgo, en 1976.

Otro dato, que no se encuentra en esta primera edición, pero sí en el segundo, es su participación en los Petules, grupo de muñecos, de Chiapas que logró una importancia de primera línea, junto con todo un equipo, dirigidos por Marco Antonio Montero (1927-1972).

Rosario escribía las obras. Se encuentran editadas el Tomo Teatro Petul, publicado por el Instituto Nacional Indigenista, el año de 1957. Los Petules recorrieron una extensa zona de Chiapas, con obras y personajes de la región.

Rosario Castellanos vivió su momento. Eso lo podemos percibir en toda su obra, En El Eterno Femenino, maneja el tema con elegancia y una crítica al sistema. La anécdota es simple, un grupo de mujeres en un salón de belleza, mientras esperan Salir del peinado a la moda, viajan a la historia de México para convertirse en las grandes señoras de la historia.

Una crítica a la clase media mexicana, con todas sus frustraciones. Una obra aleccionadora de lo que vivimos aún. Pasa de ser una obra de género para hacer de la historia de México, un análisis de la circunstancia actual.

Así, como decir, la historia se escribe para el futuro, jamás para revivir el pasado, porque hay que saber donde se pisa.

José Ruiz Mercado

Dramaturgo, escritor, director, actor y docente.

Miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte. Autor de numerosos libros de poesía, teatro, narrativa y ensayo.

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