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ESTUDIAR TEATRO O SÓLO ACTUACIÓN

Por José Ruiz Mercado

Los caminos se recorren como Alicia cuando le pregunta al gato risueño, como Juan Preciado cuando le pregunta al arriero por la directriz del camino. En ambos dependen de ti; porque los caminos no van a parte alguna. Los caminos se hicieron para caminarlos. La pregunta entonces es ¿Qué quiero?

El conflicto al cual se enfrenta el hacedor conciente es un problema de estética, no en su decir usual (lo bonito), sino en un cuestionamiento filosófico. Aquí entramos en la conceptualización del idealismo (lo inamovible), el Aristóteles mal interpretado por la conceptualización medieval de la cultura judeo cristiana imperante. Con su contrario: el materialismo histórico.

Ya desde finales del XIX y los principios del XX, el cuestionamiento a la obra bien hecha ha dado suficiente material para estudiar; otros estilos, otras formas de hacer teatro.

Con esto, la pregunta más importante ¿Teatro para quién? La respuesta conflictiva ya citada ¿Para las gentes o para las personas? Las primeras son las necesitadas de la moda. Las segundas son individuos pensantes, tanto o más creativas que los mismos hacedores, quienes, cuando logran crearse los medios idóneos, llegarán a hacer un teatro artístico.

Problema estético. Decisión del hacedor. Ir por el camino ya experimentado; o buscar sin temor a equivocarse, experimentar, buscar otras posibilidades, recrear terrenos diferentes. Arriesgarse.

El arriesgue no es la solución, ni el camino directo al estrellato. Algunas veces se queda en la obra de época. En el producto del momento. En la obra que con el tiempo se volverá vieja, sólo para el estudioso. Pero, si la obra después de diez años sigue diciendo, ésta se convertirá en la obra de arte y, quien la hace, deja de ser el hacedor para convertirse en artista.

Quien determina la obra es el público, luego los críticos, pero para que llegue a ambos se requiere de lo mediático, de esa red social de los medios de comunicación, desde los tradicionales (radio, televisión, diarios, revistas) hasta los actuales (sitios Web), quienes acercarán, tanto al público, como a los críticos especializados, quienes ofrecen al lector los datos claves de una obra.

Este conflicto mediático tiene un origen educativo. Y volvemos al inicio, la educación familiar como sensibilizadora; luego, el practicismo educativo, el desconocimiento teórico, la idealización del hacer.

Ernst Cassirer, en su hoy ya clásico libro Antropología Filosófica, escribió: en toda creación artística encontramos una estructura teológica definida. El actor de un drama ejecuta realmente su parte; cada manifestación individual es una parte coherente. El acento y el ritmo de sus palabras, la modulación de su voz, las expresiones de su rostro y los ademanes de su cuerpo tienden al mismo fin; encarnar un carácter humano.

Podemos agregar, como espectadores, el ver un cuerpo en movimiento implica un acto de compromiso, una acción voyerista, una actitud religiosa, un acto de purificación.

José Ruiz Mercado

Dramaturgo, escritor, director, actor y docente.

Miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte. Autor de numerosos libros de poesía, teatro, narrativa y ensayo.

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