Por José Ruiz Mercado
El recuento de los días. Gotas de agua para finalizar el año. Apenas es el cuarto mes pero se antoja como final de quincena sin posibilidades de renovar contrato. Mañana no será otro día, será mañana nada más.
Ya no sabemos si lo ahora escrito tendrá un final, en su significado dual (final porque termina y final como finalidad); temporalidad y esencia. Historia (memoria), posibilidad. Apenas es el cuarto. La posibilidad de guarecerse ¿Cuántos más se acumulará? ¿Cuántos? Sí, como estadística.
El teatro es acción. Un acto mágico. Muestra la realidad. Se convierte en real, de ahí su grandeza, el traspaso de lo cotidiano a lo sublime. De lo mítico a lo ritualístico. De la esencia por su presencia a la teatralidad.
Pasamos por un acto de purificación. Se dice. Meditamos las causas. Estamos destinados a convivir con personajes más que teatrales. Somos la mismidad esencialista.
Gallinas para el matadero. Reses de rastro. Toros de lidia en los corrales de la plaza ante un juego de luces, algo, pequeño, con todo el colorido de un cuadro venido de la psicodelia. Personaje de Sartre, o de una obra del pop sesenta.
Es el momento de la reflexión, se dice, se comenta. Los magnates hablan de datos, números, recomposición de los mercados. Fríamente. Los anclajes de la economía se rompen. Los viejos inactivos, los enfermos son quienes se mueren. No hay problema.
La teatralidad está ahí. Viva. Sin tapujos. Entonces alguien es el portador de la peste. Las hordas salen. Provocan. Actúan. Agreden al personal de salud, sin pensarlo. Alguien es el culpable. Son hordas, nada más.
Estamos conviviendo con todos los estilos teatrales, todos los géneros. Todos los autores. Todas las obras. Galich, Boal, Brecht, Sartre, Camus, Carballido, Leñero, Urtusástegui, Retes, Willebaldo.
Dije todas las obras y menciono autores. Las obras traen una carga, vienen de alguna parte, son sociales, por lo tanto históricas. Vivimos sin saber la posibilidad de un mañana.
La teatralidad está. Aquí. Es el teatro de la crueldad. Artaud mismo. Es el momento de la purificación. De conocer nuestro cuerpo. Nicolás Núñez presente.
Es el momento de la teatralidad y su familia. De la conciencia universal. Es cuando el teatro puede ser parte de la contienda o quedarse en la expectativa alimentadora de una fábrica de sueños.
Momento, instante, de quedarse en la esperanza de un posible mañana con datos, estadísticas, recomposición económica, sin anclajes, en el mecanicismo del neoliberalismo, o de los cambios en armonía.
Estructura de conciencia.
El recuento de los días. Gotas de agua para finalizar el año. Apenas es el cuarto mes pero se antoja como final de quincena sin posibilidades de renovar contrato. Mañana no será otro día, será mañana nada más.
Ya no sabemos si lo ahora escrito tendrá un final, en su significado dual (final porque termina y final como finalidad); temporalidad y esencia. Historia (memoria), posibilidad. Apenas es el cuarto. La posibilidad de guarecerse ¿Cuántos más se acumulará? ¿Cuántos? Sí, como estadística.
El teatro es acción. Un acto mágico. Muestra la realidad. Se convierte en real, de ahí su grandeza, el traspaso de lo cotidiano a lo sublime. De lo mítico a lo ritualístico. De la esencia por su presencia a la teatralidad.
Pasamos por un acto de purificación. Se dice. Meditamos las causas. Estamos destinados a convivir con personajes más que teatrales. Somos la mismidad esencialista.
Gallinas para el matadero. Reses de rastro. Toros de lidia en los corrales de la plaza ante un juego de luces, algo, pequeño, con todo el colorido de un cuadro venido de la psicodelia. Personaje de Sartre, o de una obra del pop sesenta.
Es el momento de la reflexión, se dice, se comenta. Los magnates hablan de datos, números, recomposición de los mercados. Fríamente. Los anclajes de la economía se rompen. Los viejos inactivos, los enfermos son quienes se mueren. No hay problema.
La teatralidad está ahí. Viva. Sin tapujos. Entonces alguien es el portador de la peste. Las hordas salen. Provocan. Actúan. Agreden al personal de salud, sin pensarlo. Alguien es el culpable. Son hordas, nada más.
Estamos conviviendo con todos los estilos teatrales, todos los géneros. Todos los autores. Todas las obras. Galich, Boal, Brecht, Sartre, Camus, Carballido, Leñero, Urtusástegui, Retes, Willebaldo.
Dije todas las obras y menciono autores. Las obras traen una carga, vienen de alguna parte, son sociales, por lo tanto históricas. Vivimos sin saber la posibilidad de un mañana.
La teatralidad está. Aquí. Es el teatro de la crueldad. Artaud mismo. Es el momento de la purificación. De conocer nuestro cuerpo. Nicolás Núñez presente.
Es el momento de la teatralidad y su familia. De la conciencia universal. Es cuando el teatro puede ser parte de la contienda o quedarse en la expectativa alimentadora de una fábrica de sueños.
Momento, instante, de quedarse en la esperanza de un posible mañana con datos, estadísticas, recomposición económica, sin anclajes, en el mecanicismo del neoliberalismo, o de los cambios en armonía.
Estructura de conciencia.
Dramaturgo, escritor, director, actor y docente.
Miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte. Autor de numerosos libros de poesía, teatro, narrativa y ensayo.

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