Por José Ruiz Mercado
Cuando la mente está en blanco viene un descanso para estar en sintonía con el universo. El diario viajar a ninguna parte de la cotidianeidad nos lleva a un letargo.
Dicha insensibilidad nos produce una ansiedad en nuestros actos, la peste, diría Artaud, una mecanización en nuestro diario acontecer, lo no permisible para revisar nuestra identidad, la negación del otro.
El teatro nos lleva a identificarnos con el personaje, el otro, de quien podemos ser cómplices o negarnos en eso no deseado. La empatía faltante, el reservorio de nuestras acciones.
Diferentes teorías teatrales parten de esto con enfoques opuestos. Volvemos a la diversidad, por lo tanto, hablar de teatro, en consecuencia de público no es único.
Artaud habla de la peste como elemento transgresor. Para una sociedad enferma se requiere de una fuerza de alto impacto la cual haga vibrar al espectador.
Brecht exige del público una actitud pensante, jamás una condescendiente; el llamado distanciamiento escénico. El cual se puede dar, desde ubicar la acción en otro tiempo para así no generar empatía con la situación y poder analizarla.
Aristóteles nos propone la tragedia y la comedia. Cada una con personajes cualitativos. El trágico se enfrenta a su destino. Sabe de su circunstancia, reconoce su hacer. En cambio el Cómico juega con las peripecias para salir bien librado. De ahí el efecto cómico.
Tres teorías opuestas, las cuales generaron posturas encontradas a lo largo del Siglo XX. Gran parte del teatro Latinoamericano siguió a Brecht; tenemos, entre otros a Augusto Boal. A Manuel Galich, entre otros,
En México mencionemos a dos grandes exponentes aristotélicas, dos maestras de la escena: Luisa Josefina Hernández y Claudia Cecilia Alatorre, dos estudiosas de la escena.
De Artaud Gabriel Weisz, Felipe Reyes Palacios y, más reciente Raúl Valles, autor de Chihuahua, cuya obra teórica ofrece una nueva lectura de Artaud sustentada además en su obra dramatúrgica.
Como público ¿Qué queremos? Como trabajadores de la escena ¿A qué público deseamos llegarle? La claridad en nuestras necesidades de audiencia, de nuestra propuesta escénica, de profesionalizar los espacios, Complejo el mundo del público.
Luis de Tavira decía hace unos años: “La realidad nacional vive transformaciones considerables que desatan nuevos cuestionamientos para comprender el fenómeno cultural” leíamos en aquella nota con motivo de la inauguración de La Casa del Teatro escrita por Patricia Vega.
Una nota, dos entrevistas, con una profundidad, la cual, nos lleva a reflexionar aplica a las circunstancias hoy vividas. La Casa del Teatro se inauguró con una obra de Vicente Leñero: La Noche de Hernán Cortés.
Cuando la mente está en blanco viene un descanso para estar en sintonía con el universo. El diario viajar a ninguna parte de la cotidianeidad nos lleva a un letargo.
Dicha insensibilidad nos produce una ansiedad en nuestros actos, la peste, diría Artaud, una mecanización en nuestro diario acontecer, lo no permisible para revisar nuestra identidad, la negación del otro.
El teatro nos lleva a identificarnos con el personaje, el otro, de quien podemos ser cómplices o negarnos en eso no deseado. La empatía faltante, el reservorio de nuestras acciones.
Diferentes teorías teatrales parten de esto con enfoques opuestos. Volvemos a la diversidad, por lo tanto, hablar de teatro, en consecuencia de público no es único.
Artaud habla de la peste como elemento transgresor. Para una sociedad enferma se requiere de una fuerza de alto impacto la cual haga vibrar al espectador.
Brecht exige del público una actitud pensante, jamás una condescendiente; el llamado distanciamiento escénico. El cual se puede dar, desde ubicar la acción en otro tiempo para así no generar empatía con la situación y poder analizarla.
Aristóteles nos propone la tragedia y la comedia. Cada una con personajes cualitativos. El trágico se enfrenta a su destino. Sabe de su circunstancia, reconoce su hacer. En cambio el Cómico juega con las peripecias para salir bien librado. De ahí el efecto cómico.
Tres teorías opuestas, las cuales generaron posturas encontradas a lo largo del Siglo XX. Gran parte del teatro Latinoamericano siguió a Brecht; tenemos, entre otros a Augusto Boal. A Manuel Galich, entre otros,
En México mencionemos a dos grandes exponentes aristotélicas, dos maestras de la escena: Luisa Josefina Hernández y Claudia Cecilia Alatorre, dos estudiosas de la escena.
De Artaud Gabriel Weisz, Felipe Reyes Palacios y, más reciente Raúl Valles, autor de Chihuahua, cuya obra teórica ofrece una nueva lectura de Artaud sustentada además en su obra dramatúrgica.
Como público ¿Qué queremos? Como trabajadores de la escena ¿A qué público deseamos llegarle? La claridad en nuestras necesidades de audiencia, de nuestra propuesta escénica, de profesionalizar los espacios, Complejo el mundo del público.
Luis de Tavira decía hace unos años: “La realidad nacional vive transformaciones considerables que desatan nuevos cuestionamientos para comprender el fenómeno cultural” leíamos en aquella nota con motivo de la inauguración de La Casa del Teatro escrita por Patricia Vega.
Una nota, dos entrevistas, con una profundidad, la cual, nos lleva a reflexionar aplica a las circunstancias hoy vividas. La Casa del Teatro se inauguró con una obra de Vicente Leñero: La Noche de Hernán Cortés.
Hoy vivimos transformaciones considerables. Transformemos la escena.
Dramaturgo, escritor, director, actor y docente.
Miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte. Autor de numerosos libros de poesía, teatro, narrativa y ensayo.

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